viernes, febrero 29, 2008

Hasta los Huevos.

Entre unos y otros me tenéis hasta los huevos. Ya vale por favor.

jueves, febrero 28, 2008

La Regla de Tres.

Si el mundo era mejor cuando tu estabas en él,
es obvio, que el mundo hoy es mucho peor porque tu ya no estás aquí.
Hoy me he acordado, especialmente, de ti. Te gustaba tanto el campo, los árboles...
Iba yo caminando desde el parking hasta la Casa Grande, y hacía un temperatura estupenda, ideal para dar un paseo, como los que te dabas tú por el monte. Las cigüeñas estaban guerreras, sobre volando los jardines y haciendo esos ruidos como de tablas chocando con sus picos. Y me he acordado que para ti. Todos estaba lleno de ti. Y he caído en la cuenta de que ya no habrá más primavera, ni verano que cuente con tu presencia física. Ni más paseos, ni más animales, ni más nada. Y el corazón se me ha encogido. Pero no es correcto. Lo cierto es que no habrá más paseos, ni más animales, ni más nada para mí, porque tu vivirás eternamente en alguna situación etérea.
Quizás estés en los árboles, en la tierra... pero soy yo la que se ha quedado coja. Coja...porque te quiero aquí. Porque quiero tener la certeza de que este sabado, cuando vaya a Humienta, estarás sentado en el jardín esperando nuestros besos y bromas, quiero saber que cumpliré 30 años y tu estarás a mi lado. Quiero volver a verte comer langostinos, y beber ese traguito de vino que tanto te gusta. Quiero oirte refunfuñar, y quiero verte sonreir. Quiero oir tus razonamientos interminables, y sobretodo quiero tocar esas manos tan preciosas que tu tienes. Te quiero aquí.
Eso es lo que quiero y nada más. Nada más puede consolarme, nada. Te quiero aquí sin más discusión, porque yo te necesito. Porque la vida me va arrebatando todo lo que necesito y me niego a seguir perdiendo. Y quizás la culpa sea mía. Puede que nadie me quite nada, soy yo quien lo pierdo, pero de igual modo, te quiero aquí. Ahora. Ven. Vuelve.

miércoles, febrero 20, 2008

EL AmOR aPESta.

El amor... sí esa bonita palabra que simboliza un estado etéreo, casi enfermizo y que está idealizado por más de la mitad de todos los seres humanos de la tierra.

El amor, digamoslo claro, es como un prenda de vestir. Primero la ves en la tienda, quizás en el escaparate o puede que dentro, colgada de una percha. Te acercas como temerosa... con la mirada interrogante, pero pasas de largo. Cuando estás en casa, de pronto, vuelve la prenda de vestir a la cabeza. LLegas a la conclusión de que se ajusta a tus necesidades. Es bonita, quizás un poco atrevida, pero qué coño! siempre vas como una monja, lo quieres. Es algo nuevo, bonito, sexy... te hará sentir mucho mejor. Lo NECESITAS, necesitas esa prenda sobre todas las cosas de la tierra, así que al día siguiente vuelves a la tienda. Otra vez miras con incertidumbre y decides probartela. Ohhhh el espejo te devuelve una imagen extraordinaria... algo te dice: no, pero otro algo de dice: Siiiiii... La compras, te la llevas a casa y sientes mariposas en el estomago. Estarás tan mona con esa prenda nueva y colosal! te sienta tan bien... te hace un cuerpo tan bonito. Has acertado, sin duda.

Pasan los días y sientes que adoras ese vestido, ese pantalón, abrigo... lo que sea. No quieres ponerte otra cosa. Quieres repetir un día tras otro, aunque claro te lo prohibes. Es tan guay tu prenda nueva, que la quieres reservar para días especiales.

Pero sin apenas darte cuenta llega el primer lavado. Sí, como lo oyes. El primer lavado. Parece tonteria, pero no lo es. Ya deja de ser nueva. Puede que hasta se haya dado de sí, o que tenga alguna mancha oculta que nunca desaparezca... La plancha parece dejar una huella que dice: USADO... y tu subconsciente lo asocia con VIEJO. Ya no te sienta tan bien, aunque sigues satisfecha por supuesto. Es una gran prenda que por su calidad nunca pasara de moda, y siempre conservará sus colores intactos y su textura suave. Pero aún así, al cabo de unos ¿dos meses? ya no te gusta tanto. Algo ha cambiado. Empiezas a ver algún que otro defecto que antes parecía invisible... y te preguntas si realmente ese color alguna vez te sentó bien. Entonces intentas hacer algo diferente. No sé... combinar con otros complementos, para darle vida a la cosa. Parece funcionar, pero ¿cuánto tiempo? apenas un mes o dos más. Después: a tomar por culo. Pasa a ser una de esas prendas olvidadas del armario. Incluso puede que te sucediera algo feo en el trabajo mientras la llevabas puesta y termines odiándola. La arrebujas y deseas olvidarla en algún rincón oscuro.

Pues así es el amor. Durante tres, cuatro meses, puede que hasta un año en el mejor de los casos todo sea tan precioso como estrenar un vestido de ensueño o recibir un regalo... pero alcanzada la cima solo queda bajar. Y el descenso, muchos sabemos, que puede ser una auténtica tortura.

Si llegas a envejecer con esa prenda de vestir tan maravillosa, terminarás mirándola con cariño, hasta con cierta lastima... mira.... mi fabuloso vestido... que viejito se ha quedado, ya no sirve ni para trapos, con todos los sufrimientos que yo he pasado con él... quién me lo iba a decir a mí que iba a aguantar toda una vida con esto...

BUAAGGGG Sinceramente, yo paso. Sí que divertido es cuando una está como estasiada por otra persona... pero no compesa en absoluto. Enteraros que nos tenemos, únicamente, a nosotros mismos! ¿es duro? pues sí, pero quién ha sufrido una traición ya sea amorosa o amistosa lo sabe aunque no quiera asumir una verdad tan cruda.
Ademas, y a título personal, tengo que decir que cada vez es más difícil que alguien te guste... así que enamorarte ya ni te cuento. Por qué? pues no lo sé, tal vez sea por la edad, porque uno se acomoda en su vida y no necesita nada más. Porque con el tiempo uno tiene claro lo que quiere y lo que no quiere... no sé. Pero así es.
Yo pasé por la fase en la que mis amigas se casaban... si si se casaban... fué una fase bastante dura, no te creas. Ahora estoy en la fase en las que mis amigas se divorcian. Y lo mejor o lo peor de todo es que yo sigo en la misma fase, que ni sé cómo llamarla, ni ganas que tengo de ponerla etiqueta.
En fin, felicidades a todos los que se bañan en el lago de las aguas del amor. No es por joder, pero llegarán tiempos de sequía, seguro. Y los que sean como yo, y crean que el amor apesta: taparos las narices y mantenéos a salvo.

lunes, febrero 18, 2008

...Como de Cereza Brillante...

Eran las 8:05. Esa es la hora que marcaba el reloj-termómetro situado en la plaza de entrada al museo Artium. La calle Francia comenzaba a despertar con el fluir de vehículos, autobuses urbanos, niños de camino al colegio, gente, en definitiva, que encaraban un lunes, bastante frío, tan rutinario y común como cualquier otro Lunes de no ser por el viento, casi huracanado que hacía.
El bus urbano número 36, hacía la parada que hay justo delante de la sucursal del banco Aragonés. Personas grises y niños que porteaban coloridas y pesadas mochilas, adornadas con super-héroes infatigables, subían con cierta pereza y se acomodaban en los asientos, mirando a través de las ventanas como si no hubiera nada al otro lado.
Era esta la escena: personas en las cafeterías desayunando, personas luchando contra el impetuoso viento, coches esperando luz verde para continuar su camino, sirenas lejanas, tacones acelerados, obreros descargando furgonetas, algún ciclista…
Así transcurría el tiempo y el espacio de un Lunes cualquiera a las 08:05 minutos en la calle Francia. No sé muy bien de dónde apareció la mujer, sólo puedo decir que cuando me disponía a cruzar la calle una chica joven, de unos 30 años corría despavorida de un lado a otro de la calzada. Algunos coches tocaron el claxon, el autobús número 36 paró en seco y la chica, quedando en medio del paso de cebra sacó un arma y gritando como si la estuvieran arrancando la piel a tiras y sin dar tiempo a que nadie saliera de su estupefacción se voló la cabeza de un disparo.
Tengo metido dentro el cañonazo: bumg! Por unos segundos pareció que el disparo nos hubiera acertado a todos y cada uno de nosotros a quemarropa. El mundo se paró. Nadie hizo nada.
Medio centenar de corazones se quedaron sin bombear sangre. Allí estaba tendida la chica con sus sesos esparcidos por toda la carretera. La sangre era tan negra y espesa como jamás hubiera imaginado que lo fuera. El cuerpo estaba tendido de una manera artificial, era como un maniquí ortopédico, mal flexionado. Bumg!........ Bumg! y aquél cuerpo caía ante mis ojos como un edificio mal construido que se derrumba lentamente, una y otra vez. Veía a esa joven, gritando con su cara desencajada, el viento furioso arremolinando su cabello en una danza macabra, y su mano veloz y decidida sacando algo indefinido del bolso y con una decisión asombrosa: Bumg! que sordo y contundente suena un disparo en la vida real.
Estaba muerta delante de mis ojos, se había ido. Sus fluidos vitales hacían ríos por la calle, como huyendo de ese cuerpo aún caliente y carente de cordura. Alguien grito despertando a esa pequeña multitud del sock, pero no miento si digo que nadie acertó a hacer algo coherente. Cuando volví a mí ser, percibí el caos alrededor. Gritos, sollozos, coches lejanos impacientados por la espera, sirenas ahora cada vez más cercanas, gente paralizada, como de hielo… mis piernas temblorosas, la voz rota, el viento furioso…
Retrocedí y me senté en las escaleras de la antigua tienda Gretel que hace esquina con la calle Abrevadero. Sentí que si no lo hacía me desmayaría… Pronto un corro de gente envolvió la imagen de la joven suicida. Bajé la mirada, y me sujete la cabeza con ambas manos. La mezcla brutal de sentimientos me bloqueaba, casi no podía respirar… Fue entonces cuando me di cuenta, que mi ropa estaba llena de sangre con restos de… Me miré en el reflejo del escaparate, cubierto de carteles de propaganda: Curso de guitarra online, busco habitación por la zona, La Mari en concierto… Mi cara estaba salpicada de vida ajena… Me vino una bocanada de vómito y de llanto que no pude contener.

Fin.