Si el mundo era mejor cuando tu estabas en él,
es obvio, que el mundo hoy es mucho peor porque tu ya no estás aquí.
Hoy me he acordado, especialmente, de ti. Te gustaba tanto el campo, los árboles...
Iba yo caminando desde el parking hasta la Casa Grande, y hacía un temperatura estupenda, ideal para dar un paseo, como los que te dabas tú por el monte. Las cigüeñas estaban guerreras, sobre volando los jardines y haciendo esos ruidos como de tablas chocando con sus picos. Y me he acordado que para ti. Todos estaba lleno de ti. Y he caído en la cuenta de que ya no habrá más primavera, ni verano que cuente con tu presencia física. Ni más paseos, ni más animales, ni más nada. Y el corazón se me ha encogido. Pero no es correcto. Lo cierto es que no habrá más paseos, ni más animales, ni más nada para mí, porque tu vivirás eternamente en alguna situación etérea.
Quizás estés en los árboles, en la tierra... pero soy yo la que se ha quedado coja. Coja...porque te quiero aquí. Porque quiero tener la certeza de que este sabado, cuando vaya a Humienta, estarás sentado en el jardín esperando nuestros besos y bromas, quiero saber que cumpliré 30 años y tu estarás a mi lado. Quiero volver a verte comer langostinos, y beber ese traguito de vino que tanto te gusta. Quiero oirte refunfuñar, y quiero verte sonreir. Quiero oir tus razonamientos interminables, y sobretodo quiero tocar esas manos tan preciosas que tu tienes. Te quiero aquí.
Eso es lo que quiero y nada más. Nada más puede consolarme, nada. Te quiero aquí sin más discusión, porque yo te necesito. Porque la vida me va arrebatando todo lo que necesito y me niego a seguir perdiendo. Y quizás la culpa sea mía. Puede que nadie me quite nada, soy yo quien lo pierdo, pero de igual modo, te quiero aquí. Ahora. Ven. Vuelve.


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