
Las palabras desgastadas, rasgadas y usadas pervierten el poder de la letra y conforman el mundo del caos. Caóticas las conjunciones que me alejan de tus labios o malditos los vocablos que me acercan a tu abismo; si eres malo para qué viniste, si lo soy yo por qué te acercaste, tu eres mi caos, quizá sea yo ese revoltijo sin sentido que destruye el tiempo y el camino. Confusos pensamientos que vuelan en el espacio infinito de mi mente, esquivando las altas torres de prejuicios y mentiras, habitadas por los seres que trajinan entre neuronas susurrándome actos de locura. Y en las noches eternas de ojos abiertos la enredadera del pasado me atrapa inhabilitando la movilidad de mi cuerpo inerte, y son las lagrimas que brotan de la cumbre quién rompen el hielo de mi ansiedad dejando mi corazón bombeando tan rápido como la crueldad que se va tejiendo a lo largo de los años, robándonos la inocencia inherente con la que llegamos a este globo de sin razón, ¡Ni pasado, ni futuro! No tiempo ni espacio, un millón de nos, no me borrarán de esta tierra. Navíos anclados en el océano del todo pues subí el escalón que me alejó de la nada y aquí se halla el secreto que planea silencioso por el campo de mis entrañas: labios cosidos con hilo de negra oscuridad. Si tú no me acunas no busques en mi la verdad.
Y lo mejor es que ya no espero, el reloj está parado y eso apacigua mi alma: quién dude de su existencia que lea en sus lagrimas y descubrirá donde anidan las respuestas.
ShineSock.


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