A veces me pasa que estoy inmersa en mi vida cotidiana, y de pronto me viene a la mente el hecho de que un día moriré. Es un pensamiento intenso, y me dura un buen rato. En el mejor de los casos consigo ignorarlo en un intervalo, relativamente, corto y continuar con mi actividad, pero en otras ocasiones sigue por ahí revoloteando ese hecho y el pensamiento en sí mismo va engarzando otros pensamientos a su vez más macabros y horribles (cómo será mi muerte, si enfermaré y agonizaré hasta perecer, qué día será eso, qué año...), que consiguen amargarme o cuando menos dejarme mustia o preocupada. Más que preocupada lo que siento es cierta intranquilidad.
No lo comento con nadie, porque cuando he intentado hacerlo me he dado cuenta que este tema no mola a la gente. Dicen: Joder!! que cosas tienes.
Pero mi pregunta es ¿a nadie más le pasa? ¿nadie siente esa certeza? ¿ese momento de extrema soledad en el que nos enfrentamos a lo desconocido, es mejor ignorarlo? También es cierto que yo no provoco ese pensamiento, me viene solo a la mente en el momento más insospechado...
La muerte es un tema que siempre está presente en mi vida, no lo concibo como un tabú ni me incordia hablar de ello, todo lo contrario.
Muchas veces necesito hablar de la muerte, por eso añadiré primera parte al título ya que lo más seguro es que precise volver hacerlo cualquier día de estos.
No lo comento con nadie, porque cuando he intentado hacerlo me he dado cuenta que este tema no mola a la gente. Dicen: Joder!! que cosas tienes.
Pero mi pregunta es ¿a nadie más le pasa? ¿nadie siente esa certeza? ¿ese momento de extrema soledad en el que nos enfrentamos a lo desconocido, es mejor ignorarlo? También es cierto que yo no provoco ese pensamiento, me viene solo a la mente en el momento más insospechado...
La muerte es un tema que siempre está presente en mi vida, no lo concibo como un tabú ni me incordia hablar de ello, todo lo contrario.
Muchas veces necesito hablar de la muerte, por eso añadiré primera parte al título ya que lo más seguro es que precise volver hacerlo cualquier día de estos.


1 comentario:
¡Reloj! Dios espantoso, siniestro e impasible,
Cuyo dedo amenaza, diciéndonos "¡recuerda!"
Los vibrantes dolores en tu asustado corazon,
Como en una diana pronto se clavarán;
El placer vaporoso huirá hacia el horizonte
Como escapa una sílfide detrás del bastidor;
Arranca cada instante un trozo de delicia
Concedida a los hombres para todo el temporal.
Tres mil seiscientas veces cada hora, el Segundo
Susurra "¡Acuérdate!" -Con voz vertiginosa
De insecto, Ahora dice: "¡Heme otra vez aquí
Ya succioné tu vida con mi trompa asquerosa!"
¡Remember! ¡Esto memor! ¡Pródigo, Acuérdate!
Mi garganta metálicam habla todas las lenguas.
Ganga son los minutos, ¡oh, alocado mortal!
Y no hay que abandonarlos sin extraer su oro.
Acuérdate: es el tiempo un tenaz jugador
Que sin trampas te vence en cada envite. Es la ley.
Decrece el día, la noche se aproxima; ¡recuerda!
Es voraz el abismo, se vacía la clepsidra.
Pronto sonará la hora en que el divino Azar,
O la augusta Virtud, tu aún intacta esposa,
O el arrepentimiento (¡Oh, esa posada última!)
Todo te dirá "¡Es tarde! ¡Muere, viejo cobarde!"
Charles Baudelaire, Las Flores del Mal.
Publicar un comentario