Ayer me tumbe en la cama de mi habitación, con el balcón abierto. Me tape con mi colcha de trozos hasta arriba, simulando ser un cadáver. Mis pies desnudos asomaban por la parte de abajo, y el potente sol atravesaba el tejido haciendo que el interior, de mi mortuario atuendo, se llenara de una luz cálida y apacible.Me quedé ahí, inmovil, incluso dejé de respirar por unos instántes.
Podía escuchar a Elena cacharreando en la cocina, y a Ella Fitzgerald cantar a todo pulmón. Isra estaba en el baño, duchándose, se oía el calentador del agua.
Lolo entró en la habitación y empezó a olisquearme el pelo que asomaba sin duda por la parte de arriba. Saltó hasta mi barriga y tuve que controlarme para no reirme. Estaba muerta, los muertos no se ríen, almenos no ya con su cuerpo.
Pensé en si realmente, los muertos sienten o padecen algo... y en lo que sentirían y padecerían mis pobres amigos si entraran en la habitación y me descubrieran más tiesa que un bacalao.
Oí a Lolo mordisquear algo, jugar con las cortinas, subir encima de mi y bajar. Sus bigotes me hicieron cosquillas en los pies, pero yo seguí impertérrita. Isra llegó, su olor a recién duchado me alcanzó de lleno... mmmmm... Dejó algo encima de la mesa y exclamó:
- Levanta ya perezosa!Si, si...-pensé yo- estoy muerta cariño, espera a darte cuenta...
Me acarició el pie levemente... creí que explotaría en una carcajada, tengo muchas cosquillas, pero me contuve. Se fué de la habitación, sin apreciar que yo yacía como una momia Egipcia.
Elena gritó que el desayuno estaba listo. Ciertamente olía a tostadas... Lolo salió corriendo del cuarto y yo también. Quizás las tostadas sean el secreto de la vida eterna!
Podía escuchar a Elena cacharreando en la cocina, y a Ella Fitzgerald cantar a todo pulmón. Isra estaba en el baño, duchándose, se oía el calentador del agua.
Lolo entró en la habitación y empezó a olisquearme el pelo que asomaba sin duda por la parte de arriba. Saltó hasta mi barriga y tuve que controlarme para no reirme. Estaba muerta, los muertos no se ríen, almenos no ya con su cuerpo.
Pensé en si realmente, los muertos sienten o padecen algo... y en lo que sentirían y padecerían mis pobres amigos si entraran en la habitación y me descubrieran más tiesa que un bacalao.
Oí a Lolo mordisquear algo, jugar con las cortinas, subir encima de mi y bajar. Sus bigotes me hicieron cosquillas en los pies, pero yo seguí impertérrita. Isra llegó, su olor a recién duchado me alcanzó de lleno... mmmmm... Dejó algo encima de la mesa y exclamó:
- Levanta ya perezosa!Si, si...-pensé yo- estoy muerta cariño, espera a darte cuenta...
Me acarició el pie levemente... creí que explotaría en una carcajada, tengo muchas cosquillas, pero me contuve. Se fué de la habitación, sin apreciar que yo yacía como una momia Egipcia.
Elena gritó que el desayuno estaba listo. Ciertamente olía a tostadas... Lolo salió corriendo del cuarto y yo también. Quizás las tostadas sean el secreto de la vida eterna!


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