martes, agosto 01, 2006

Frascos de Esencia

I- Primera Parte

Mi madre siempre planchaba la ropa de cama con agua de lavanda. A veces usaba verbena, pero el olor es más intenso, y ella opinaba que la lavanda te ayuda a dormir profunda y plácidamente.
Mi madre, daba mucha importancia a cómo dormir correctamente, decía que el descanso y los sueños eran tan vitales para la vida, como la propia comida y que el instrumento que nos conducía hacia ese mundo onírico era la cama, por lo que había que cuidar cada detalle. Los sentidos aprecian, agradecen cada pequeño gesto dedicado a ellos, por eso el tacto de una sábana de hilo blanco, perfumada ligeramente de lavanda, bien planchada y perfectamente ajustada a una cama confortable, acompañada de una colcha rellena de suaves y esponjosas plumas puede resultar ser como el abrazo de un ser mágico, ligero y fresco que acunando cada fibra de tu piel, te conduce lenta y apaciblemente a la profundidad del sueño cada noche .

El día que mataron a mi madre, estaba guardando sus frascos de esencia en el cuarto de plancha, los cestos estaban llenos de la ropa recién doblada que aún contenían el calor mientras una nebulosa de dulces y agradables aromas se extendía por todo el cuarto.

Desde ese día, siempre he creído que la muerte huele a un remolino de lavanda y verbena, que la muerte llega cuando menos la espera nadie y que la muerte, siempre se lleva a los mejores, pues su único patrimonio son las vidas que roba a la propia vida, y cuanto más sorpresivas, más dulces e inocentes son esas vidas, más vencedora se siente sobre la vida misma.

No hay comentarios.: